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Cromo Carmelo, Cádiz CF 1991/92

Álbum 'Liga 91/92', Ediciones Este

- Carmelo José Navarro Careaga

- 25/03/1959

- Murcia (El Puerto de Santamaría)

- Defensa central

- Regular, elegante, pulcro, humilde, entregado


1991/92 de Carmelo Navarro

 

💫 Permanencia, enésimo milagro

⏱️ Partidos: 41

⚽️ Goles: -

🟨 Tarjetas amarillas: 3

🟥 Tarjetas rojas: -

 

Hace apenas unos meses, en septiembre de 2025, el Cádiz CF convirtió un rincón del Nuevo Mirandilla en un homenaje eterno a una de sus leyendas más queridas. La puerta 2D pasó a llamarse Puerta Carmelo en honor a Carmelo Navarro, el jugador del Cádiz con más partidos disputados en Primera División (227) y el undécimo en el cómputo global del club (280). Aquel central de apariencia desgarbada, pero que sorprendía por sus recursos técnicos, sacaba el balón jugado desde atrás con elegancia, cualidad que inspiró a Michael Robinson a bautizarlo con su célebre apodo: El Beckenbauer de la BahíaEl portuense encarnó como pocos el encanto del fútbol de ayer. Bigotazo y calva, tal y como muestra nuestro cromo de Carmelo de la Liga 1991/92, el de su quinta permanencia como amarillo. El último milagro del mejor Cádiz de la historia. (Carmelo, Don Balón, febrero de 1992): "Lo que me ha dado el Cádiz no lo cambio por nada. En ningún otro sitio me podrían dar lo que tengo aquí porque en este club me han valorado y me han tratado fenomenalmente. Me he realizado como futbolista y lo único que pretendo para corresponder al Cádiz es luchar todo lo posible para contribuir a sus éxitos".

 

Carmelo, nacido en Murcia y criado en La Coruña, llegó de niño a El Puerto de Santa María, donde ha echado raíces. Durante sus diecisiete años dedicados al fútbol militó en cinco clubes: Racing Portuense, UD Salamanca, Recreativo de Huelva, Real Betis y Cádiz. La trayectoria del '3' se define como un ejemplo de superación y perseverancia. Tras lesionarse de gravedad en ambas rodillas –una con el Betis y otra con el Recreativo– resurgió de sus cenizas como el ave fénix y alcanzó la plenitud en el Cádiz, ya veterano, al final de su carrera. Fichó en la 87/88 procedente del Recreativo por mediación de Víctor Espárrago y permaneció siete temporadas, dando la razón a quienes apostaron por él y desmintiendo a los que lo dieron por acabado. En el club de su tierra encontró estabilidad, continuidad y cariño, siendo respetado por las lesiones. El mejor Carmelo coincidió a su vez con la mejor época histórica cadista, pese al doloroso desenlace final. Las siete temporadas de El Beckenbauer de la Bahía abarcaron primero cinco permanencias consecutivas (87/88, 88/89, 89/90, 90/91 y 91/92) y después dos descensos seguidos que empujaron al equipo de Primera a Segunda (92/93) y de Segunda a Segunda B (93/94). Fin de ciclo. Abandonó el Cádiz con 35 años y regresó a El Puerto, colgando las botas donde empezó. El Racing Portuense, siempre presente. (Carmelo, Don Balón, febrero de 1992): "Me queda esta campaña y una más. Pretendo renovar una temporada más y luego retirarme. Jugaré hasta que esté bien físicamente. No quiero arrastrarme y ganar un dinero que no merezco. En el Portuense ahora están Montero y Zunzunegui. A lo mejor es posible que yo me animara también".

 

La permanencia de la 91/92 cerró el ciclo de salvaciones del '3' como amarillo. La quinta consecutiva. El último milagro antes del desplome. El Cádiz, fiel a sus finales agónicos con ingredientes milagrosos, salvó el cuello gracias a una remontada final marca de la casa, un calco de las temporadas anteriores. Durante el primer tercio, los de Ramón Blanco mantuvieron una posición tranquila, pero conforme avanzó el curso surgieron las complicaciones acentuadas por la angina de pecho que sufrió el presidente Manuel Irigoyen y en el último tercio cayeron al pozo. Alerta roja. Cuando pintaban bastos, emergió el espíritu de supervivencia. Los gaditanos, fortalecidos por su bastión Carmelo (capitán y líder), y apoyados por los goles de Tilico y la fantasía de Kiko Narváez, salieron del descenso directo en las últimas jornadas, aunque el decimoctavo puesto obligó a jugar la Promoción. Con el corazón en un puño, superaron al Figueres (2-0 en el Ramón de Carranza y 1-1 en Vilatenim) y continuaron en Primera. Don Balón, en su Resumen Liga 91/92, tituló: "Otro milagro en la Bahía". Éxito rotundo de una de las entidades más modestas de la categoría, fortalecida por la aparición de varias joyas procedentes de la cantera. Carmelo, Pepe Mejías y József Szendrei guiaron a Kiko, Arteaga y Mami Quevedo. Una mezcla equilibrada de veteranos curtidos y jóvenes promesas, la fórmula del milagro. (Carmelo, Don Balón, febrero de 1992): "El milagro está en el trabajo y también en algo de suerte. Peleamos hasta el último segundo y nunca bajamos los brazos. Los negativos nos sirven de aliciente y cuando eso sucede nos envalentonamos superando las adversidades. Somos conscientes de que el club tiene muchas dificultades y de que si no redoblamos los esfuerzos no podemos conseguir nuestros objetivos. La directiva también hace maravillas. Sin ellos no estaríamos en Primera. Cobramos al día y no tenemos problemas. El Cádiz es una entidad pobre pero honrada. Tenemos una de las mejores canteras y nadie puede negar que somos de Primera".

 

La regularidad marcó la evolución de Carmelo en la Tacita de Plata. Insustituible para cualquier entrenador. Desde su llegada se situó en lo más alto del ranking de jugadores con más partidos en la máxima categoría durante aquellos años. En seis campañas, entre la 87/88 y 92/93, tan solo se perdió cinco encuentros, sin que las lesiones o sanciones lograsen frenarlo. Impresionante registro que catapultó al bigotudo como el cadista que más veces se ha enfundado la amarilla en Primera (227). La 91/92 de El Beckenbauer de la Bahía solo puede calificarse de sobresalienteA sus 33 años se mantenía como un chaval. Disputó 41 partidos (37 de los 38 de Liga, los 2 del Cádiz en la Copa del Rey ante el Getafe y los 2 de la Promoción frente al Figueres). Acumuló más minutos que ningún otro futbolista de la plantilla: 3.244. Además, solo recibió tres tarjetas amarillas y ni una roja. Un ejemplo de juego limpio cuando el zaguero aún vivía en la frontera entre la nobleza y el hachazo. Por su parte, la experimentada pareja de centrales formada por Carmelo y Ángel Oliva ejerció como sostén de la línea defensiva, que también contó con el apoyo de Chico Linares. Tres emblemas que dieron sentido al estilo aguerrido de Ramón Blanco. Carmelo, el alma del vestuario, transmitió entrega, pasión, compromiso y lealtad. Valores de capitán. El brazalete sacó su madera de líder, no solo dentro del campo, sino también fuera, dejando perlas en forma de declaraciones. En la jornada 20 de aquella Liga 91/92, tras el valioso 1-1 cosechado en el Santiago Bernabéu, reiteró: "Este es el peor Madrid que he visto". Y en la jornada 26, después de caer 3-1 ante un Espanyol reforzado en invierno con Igor Korneiev, Dmitri Kuznetsov, Dmitri Galyamin y Andrei Moj, soltó una de sus joyas: "Denme cuatro rusos y verán qué buenos somos”. Carmelo en estado puro. El ídolo que nunca buscó ser ídolo porque su humildad señala lo contrario. (Carmelo, Don Balón, febrero de 1992): "No soy el ídolo de la afición. El ídolo aquí siempre ha sido Mágico. Ahora lo es Kiko y también Mejías. Yo no tengo vocación de ídolo. El hecho de que sea defensa me resta posibilidades de ser un jugador admirado, aunque, independientemente de eso, hay que servir para eso y yo no sirvo. Pero tampoco me preocupa". Palabra de un símbolo del cadismo. El cromo de Carmelo Navarro, Cádiz 91/92, el cromo del último milagro cadista.

 

 

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