Carmelo, el jugador del Cádiz con más partidos disputados en Primera (227). Aquel central de apariencia desgarbada, pero que sorprendía por sus recursos técnicos, sacaba el balón jugado desde atrás con elegancia, cualidad que inspiró a Michael Robinson a bautizarlo con su célebre apodo: El Beckenbauer de la Bahía. El portuense encarnó como pocos el encanto del fútbol de ayer. Bigotazo y calva, tal y como muestra en el cromo de la Liga 91/92, el de la quinta permanencia de Carmelo como amarillo.
El Sporting de Gijón se proclamó, contra todo pronóstico, campeón del Ramón de Carranza de 1984. Y lo logró a lo grande, subiéndose a las barbas de los dominadores estatales. Ganó en la final al Athletic de Javier Clemente, campeón de las dos últimas Ligas y de la Copa del Rey, y en las semifinales al Barcelona de Terry Venables, futuro campeón de la Liga y subcampeón de la Copa de la Europa. Proeza rojiblanca.