Carmelo, el jugador del Cádiz con más partidos disputados en Primera (227). Aquel central de apariencia desgarbada, pero que sorprendía por sus recursos técnicos, sacaba el balón jugado desde atrás con elegancia, cualidad que inspiró a Michael Robinson a bautizarlo con su célebre apodo: El Beckenbauer de la Bahía. El portuense encarnó como pocos el encanto del fútbol de ayer. Bigotazo y calva, tal y como muestra en el cromo de la Liga 91/92, el de la quinta permanencia de Carmelo como amarillo.