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Los once de Arsenio

La alineación titular del Superdépor de la 1993/94

A finales de la 1991/92, Augusto César Lendoiro apalabró el fichaje de Mauro Silva para la siguiente temporada, supeditado a la continuidad en Primera. El Deportivo de La Coruña superó al Betis en una sufrida Promoción y aseguró la permanencia, sin la que hubiese sido posible lo que vino a continuación. Mauro Silva estampó su firma y atrajo hasta La Coruña a Bebeto, que tenía un acuerdo verbal con el Borussia Dortmund. Junto a los internacionales brasileños llegaron Nando y Aldana, cuatro piezas angulares que se unieron a un equipo que ya contaba con Fran, Djukić, Claudio Barragán, Liaño, López Rekarte, Ribera, Albístegi... Lendoiro unió a un grupo de jugadores de calidad bajo la misma bandera y Arsenio Iglesias les sacó brillo, poniéndoles al nivel de los grandes. Este Deportivo irrumpió como el sorprendente campeón de invierno y acabó la Liga en tercera posición. Había nacido el Superdépor, la sensación de la 1992/93

 

Arsenio encontró a su once de gala, sin embargo, carecía de banquillo. Necesitaba fondo de armario para la 1993/94, la temporada del debut en Europa. Lendoiro, que volvió a sorprender, dio al viejo técnico la mejor plantilla que había dirigido. Donato, Voro, Manjarín, Paco Jémez, Alfredo Santa Elena, Pedro Riesco y Elduayen reforzaron a un Dépor más Súper. El cuadro gallego elevó el listón y fue el máximo candidato para proclamarse campeón de Liga. Solo el desenlace más cruel impidió la hazaña: en el último minuto del último partido, el penalti fallado por Djukić dejó sin Liga a los de Arsenio. El conjunto herculino no pasó del empate ante el Valencia (0-0) y el Barcelona goleó al Sevilla (5-2), lo que dejó a ambos empatados a 56 puntos. El Barça ganó la cuarta Liga seguida de la era Johan Cruyff porque tenía el gol-average ganado a un Deportivo que encadenó 25 jornadas consecutivas como líder hasta el encuentro definitivo. Drama al máximo exponente para un modesto convertido en grande que emocionó a todo un país. Una proeza incompleta basada en el orden y el talento.  

 

La prueba de que el Dépor de la 1993/94 sacrificó brillo por solidez se refleja en los números: marcó 54 goles (13 menos que los 67 del curso anterior) y encajó 18 (15 menos que los 33 de la 1992/93). Se le acusó de rácano empató a cero durante once ocasiones, pero lo cierto es que fue tremendamente rocoso, tal y como quería Arsenio. A raíz de la grave lesión de Aldana, O Bruixo de Arteixo probó con Manjarín y Alfredo, pero lo que más le convenció fue juntar a Donato con Mauro Silva. El doble pivote hispano-brasileño blindó al equipo y puso el candado sobre la meta de Paco LiañoDe hecho, el verdadero motivo por el que Liaño encajó solo 18 goles en 38 partidos residió en el trabajo defensivo de Donato y Mauro Silva, incluso por encima del gran rendimiento del portero y de la línea defensiva de cinco, compuesta por López Rekarte, Voro, Djukić, Ribera y Nando. Arsenio, contrario a las rotaciones, puso en liza un equipo fijo en la Liga, recitado de carrerilla en torno al 5-3-2. Estos fueron los once de Arsenio en la 1993/94: Liaño; López Rekarte, Voro, Djukić, Ribera, Nando; Donato, Mauro Silva, Fran; Claudio Barragán y Bebeto. Excepto Claudio, los diez restantes sobrepasaron los 30 partidos como titulares.

 

El uno por uno del once titular del Deportivo de la 1993/94

  • LIAÑO. Comparte con Oblak un récord de la Liga. El de portero menos goleado en una temporada. El meta esloveno del Atlético igualó en la 2015/16 los 18 tantos de Liaño. El cántabro, sobrio y regular, completó en la 1993/94 la campaña de su vida y alcanzó su tercer Zamora, el segundo seguido como deportivista tras el compartido con el celtiña Santi Cañizares en el año anterior.

 

  • LÓPEZ REKARTE. Inamovible en el carril derecho. Mantenía un excelente tono físico superada la treintena: subía y bajaba la banda incansablemente. Además, era uno de los jefes del vestuario por palmarés y trayectoria (Arsenio Iglesias siempre escuchaba sus reflexiones). El guipuzcoano ganó su tercera Copa del Rey en la siguiente campaña, el primer título de la historia del Deportivo.

 

  • VORO. Lendoiro le garantizó las pretensiones económicas que el Valencia le negó para renovar. El cambio de aires le sentó de maravilla, pues sus excelentes actuaciones le valieron para ser citado por primera vez con la Selección a sus 30 años, acudiendo al Mundial de 1994. Este impecable marcador, en definitiva, aumentó el nivel de la línea defensiva de tres centrales de Arsenio.

 

  • DJUKIC. Falló el penalti que dejó sin Liga al Superdépor en el último minuto: respiró profundamente, cogió carrerilla, lanzó mal y González atrapó el disparo. "Dudé entre tirar a romper o colocarlo, creo que por eso fallé. Tiré el penalti porque era mi obligación al ser el segundo lanzador y no estar en el campo el primero (Donato). No me considero culpable de la pérdida de la Liga: los triunfos y las derrotas son del equipo". Sin embargo, a pesar del recordado error, se confirmó como uno de los mejores defensas del mundo a través de la posición de líbero. Ejercía de líder de la retaguardia, donde mostraba dotes de colocación y de manejo del balón. Un libre con toque y visión. 

 

  • RIBERA. Tenía el aval de la total confianza de Arsenio, que ni con la llegada del prometedor Paco Jémez le sacó del once. Ribera, en cambio, respondió con un rendimiento fuera de toda duda. Es más, por el precio que costó, resultó una ganga. El conjunto gallego desembolsó 50 millones de pesetas al Real Burgos en la 1991/92 por el de Azkoitia, un zaguero efectivo hecho a la vieja usanza. 

 

  • NANDO. El puesto de carrilero le sentaba con un guante. Vocación ofensiva, clase y garra definían a este lateral zurdo valenciano con alma de extremo. Le benefició que el Dépor cargase los ataques por los flancos, ya que, de esta forma, podía tener una incidencia permanente en el juego. A parte de ello tenía también gol. Marcó cuatro, los cuatro decisivos: abrió el marcador ante el Sporting (0-2) en El Molinón, hizo un doblete al Oviedo (2-5) en el Carlos Tartiere y anotó el tanto de la victoria ante el Atlético (2-1) en Riazor. 

 

  • DONATO. Primera de sus diez temporadas en tierras gallegas. Rendía tanto de medio como de defensa. Arsenio le utilizó al lado de Mauro Silva y también como central en ocasiones. Cortaba, distribuía, ordenaba a sus compañeros y tenía un potente disparo. Marcó el primer gol del mítico Deportivo 2-0 Espanyol de la última jornada de la 1999/00, partido que dio la Liga al Dépor de Irureta. Junto a Mauro Silva y Fran, Donato es el único futbolista presente en los seis títulos deportivistas. Jugó hasta los 40 años. Leyendaza. 

 

  • MAURO SILVA. El bastión sobre el que se asentó la obra maestra de Lendoiro. El brasileño ganó una Liga, dos Copas del Rey y tres Supercopas durante trece temporadas. Pese a que los goles de Bebeto le eclipsaron en cierto modo, Mauro Silva fue el verdadero líder de los de Arsenio Iglesias. Llegó como un desconocido del Bragantino brasileño y se convirtió en un medio defensivo de talla mundial. Experto en la destrucción, fuerte físicamente y no exento de técnica. Se hartó a robar balones para distribuirlos con criterio. Sufrió con el mazazo de quedarse sin Liga, pero lo compensó ganando la Copa del Mundo con Brasil en Estados Unidos.

 

  • FRAN. One man club. Capitán, canterano e ídolo. Empezó su carrera con el Deportivo luchando por salir de Segunda. Ascendió a Primera y creció a la par que la entidad hasta convertirse en un icono. Rechazó a Real Madrid y Barcelona porque su destino estaba escrito de antemano. O Neno es el jugador del Deportivo con más partidos (700 oficiales); también posee los récords de más partidos en Primera (435) y en Europa (66). Todo ello con 18 temporadas a sus espaldas. La visión, el pase, el disparo. La zurda mágica que infló al Superdépor en sus días de gloria. Un Fran que, con Mauro Silva y Donato a su lado, era el principal encargado de la creación. Pero, en ocasiones, el equipo se atascaba. Fran solo no podía, lo que provocaba alguna crítica del capitán a su entrenador. 

 

  • CLAUDIO BARRAGÁN. La progresión del Deportivo como club se vio reflejada también en el crecimiento de los integrantes de la plantilla. Como, por ejemplo, Claudio. El delantero de Manises, currante y no exento de técnica, formó una dupla a tener en cuenta junto a Bebeto. También poseía carisma: sus gritos ponían en alerta a todos durante los 90 minutos, impidiendo la relajación. El trabajo de Claudio no pasó desapercibido para el seleccionador español. Javier Clemente llevó al delantero herculino a La Roja

 

  • BEBETO. El crack del Superdépor ya era una estrella en Brasil antes de dar el salto a Europa. Destacó en el Flamengo y el Vasco da Gama, pero sobre todo lanzó su carrera en la Copa de América de 1989, en la que fue campeón, mejor jugador y máximo goleador del torneo. Cayó de pie en La Liga. Logró 29 goles en su primera temporada y consiguió el Pichichi, siendo el primer deportivista que fue máximo goleador de Primera. No obstante, empezó la 1993/94 con varios problemas (lesiones y viajes largos para jugar con su Selección). Y se resarció, por supuesto. Aportó 16 tantos que casi valen una Liga, aunque lejos de los 29 de la 1992/93 y de los 30 del Pichichi Romário, pareja de baile de Bebeto en la Brasil campeona del mundo. Detrás del aspecto frágil del de Río se escondía un asesino del área, el cual se movía como pez en el agua entre los defensores. Se decía que Arsenio le ofrecía un vaso de Ribeiro antes de cada partido.

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